martes, 19 de junio de 2018

Relatos de una Ciudad

Mi viaje a MENDOZA


A manera de pasar un fin de semana largo diferente, decidí acompañar a mi familia en un viaje de semana santa. En uno de esos paseos que son especiales a la hora de fortalecer vínculos y compartir gratos momentos, de los cuales terminan siendo muy apreciados en lo personal.

Partimos desde Marcos Juárez un miércoles a la noche, con incertidumbre, expectativas, ansiedad de lo que íbamos a vivir o tal vez de solo imaginar el paisaje; Porque si ¿ a quién no le generaría todo esto la ciudad de MENDOZA?.

Luego de 6 horas de espera, nuestro recorrido llegaba a su destino. SI!, estábamos en la ciudad de la tierra del sol y del buen vino, protagonista de la historia Argentina.

Como tales personas que recién conocen un lugar, no dejábamos de mirar todo nuestro alrededor con mucho asombro, las calles, sus casas, hasta las plazas(si porque ellas se veían relucientes).


Nos alojamos en un gran hotel, el ALTEZA APART & SUITES, con una impresionante vista hacia el horizonte, habitaciones de gran confort, mucho más de lo que me hubiese imaginado.


Una vez instalados emprendimos marcha hacia nuestra primera excursión, nos dirigíamos hacia el “cerro la gloria”, atravesando el gran portón que se encuentra a la entrada del parque general San Martín, bello y distinto como ninguno, con el delicado estilo europeo. En la recorrida por el gran parque, no parábamos de apreciar semejante lugar, hasta que de pronto llegamos al imponente monumento, el cual el mismo está hecho en honor al ejercito de los Andes, y se encuentra en el billete de $5. Para mí fue un orgullo estar en un lugar tan representativo para los todos argentinos.


Al siguiente día visitamos lo que caracteriza a la ciudad, sus viñedos. Nos dimos el lujo de conocer el proceso de cómo se trata a la uva, hasta como llega ser uno de los mejores vinos del mundo. Pudimos estar aunque sea por un instante en el lugar de catadores amateurs de vinos. Es definitivamente una excursión que no se puede dejar de hacer al visitar Mendoza.


El sábado para mí fue uno de los mejores días, ya que pudimos recorrer el camino cordillerano, es asombroso tal cual lo describen al paisaje, ni siquiera fotos, ni videos que pude ver se comparan de cómo vivirlo. Pasamos por el puente del Inca otro de los atractivos que tiene el camino, hasta llegar al lugar donde se encuentra el Cristo redentor. Sitio donde no siempre se puede subir a semejante altura, pero ese día sentí que era un privilegiado al saber que las condiciones del estado del tiempo eran optimas para subir. Tardamos en llegar a la cima aproximadamente una hora.


Al estar ahí, lo único que hice fue contemplar semejante marco, algo tan extraordinario que jamás voy a olvidar. Ver el infinito horizonte de la tierra, estar a 4000 metros de altura y pensar cuan grandes nos creemos, pero cuando insignificantes somos ante tanta inmensidad, admirando a una maravilla como es el Aconcagua, el segundo monte más alto del planeta. Allí creí estar un poco más cerca de Dios, pudiendo sentir la sensación de volar.


Domingo por la tarde emprendimos el regreso a casa, un poco desilusionado porque como en toda vacación en algún momento llega a su fin. Agradecido de la vida y de la oportunidad que mis padres me pudieron dar, le manifesté mi felicidad por haber compartido conmigo uno de los momentos más increíbles que un ser humano puede tener, fundiendo ese momento en un abrazo, uno de esos que tan bien le hacen al alma.